Martin Green saca la palabra “democracia” y da por zanjado el debate en la UER

Hay semanas tranquilas en Eurovisión… y luego están estas.
Esta vez, la conversación salió del nicho y se coló directamente en el corrillo eurofán cuando Martin Green decidió hablar, por primera vez desde la última Asamblea General de la Unión Europea de Radiodifusión, sobre qué se votó, cómo se votó y por qué, según él, ya no hay mucho más que discutir.
No fue un comunicado frío ni una frase suelta para apagar fuegos. Fue una charla larga y bastante relajada en The Euro Trip | Eurovision Podcast. Y el mensaje, resumido sin adornos, fue este:
“Esto funciona así, y funciona aunque no te guste.”
La idea central, sin relleno ni cortinillas
Green fue insistente en una cosa: la UER no es una empresa con un jefe que decide y punto. Es una organización de miembros, donde las televisiones públicas son las dueñas del festival y votan las decisiones importantes.
Él, dice, no decide el rumbo. Lo ejecuta.
“Trabajo para los miembros”, vino a repetir varias veces. Ellos mandan. Ellos votan. Y cuando votan, el resultado va a misa.
No es un discurso épico. No es emocional. Es administrativo. Y quizá ahí está parte del problema.
Democracia, sí… pero de la que no abraza
Green no negó que dentro de la UER haya desacuerdos. Al contrario. Reconoció que existen, que son constantes y que forman parte del ADN de una organización con decenas de países, intereses y realidades distintas.
Lo que sí dejó claro es que el desacuerdo no invalida el resultado.
Para él, discutir es normal. Votar es el mecanismo para resolverlo. Y una vez votado, la democracia ya ha hablado. Fin del tema.
No hay intención de convencer a nadie. Solo de recordar que las normas se cumplieron. Y eso, según su planteamiento, debería bastar.
El número mágico: 65%
En toda la conversación hay una cifra que vuelve una y otra vez: 65%.
Ese es el porcentaje de miembros de la UER que votaron a favor de la dirección tomada en la Asamblea General. No fue unanimidad. Tampoco un empate técnico. Pero sí una mayoría clara.
Para Green, ese número cierra el expediente.
Puedes no estar de acuerdo. Puedes enfadarte. Pero, en su visión, no puedes decir que no fue democrático.
Y aquí es donde el oyente hace una de dos cosas: asiente… o suspira.
Por qué esta explicación no calma a todo el mundo
Y aquí viene el matiz importante. Green no miente. Está explicando el sistema tal y como es. El problema es que explicar un sistema no es lo mismo que generar confianza.
La mayoría de eurofans no viven la UER como una “organización de miembros”. La viven a través de consecuencias: normas nuevas, decisiones que afectan al concurso, países que entran, países que salen y silencios incómodos.
Así que cuando Green dice “esto es democrático”, algunos escuchan tranquilidad.
Otros escuchan distancia.
No porque la democracia sea mala, sino porque la democracia en una sala cerrada no siempre se siente igual desde fuera.
Lo que realmente hace esta entrevista
Esta conversación no buscaba reabrir el debate. Todo lo contrario. Buscaba cerrarlo con elegancia.
Green no intentó seducir a los críticos. Explicó por qué, desde su punto de vista, ya no hay nada que persuadir. Se votó. Ganó una mayoría. La UER sigue adelante.
Eso a algunos les dará seguridad. A otros, frustración.
Pero deja algo claro: la dirección de la UER se siente cómoda con el proceso y no tiene intención de revisarlo solo porque no haya aplauso unánime.
La democracia no es el final del camino
Martin Green ha dejado clara su posición: dentro de la UER, la legitimidad viene de los votos, no de las sensaciones.
Fuera de la UER, sin embargo, la cosa es más complicada. Ahí entran las emociones, la conexión con el festival y la sensación de pertenencia.
Y en ese espacio —entre el procedimiento y la percepción— es donde Eurovisión lleva un tiempo tropezando.
Ningún podcast va a cerrar esa brecha de golpe.
Pero al menos ahora sabemos exactamente cómo ve la UER el asunto.
Y eso, en este punto del drama, ya es bastante.